Unha vida consagrada ás termas romanas

10/06/2013

El Progreso.

Una vida consagrada a las termas romanas

Salvando muchas distancias, obviamente, la historia de la familia Garaloces-Gandoy con el balneario de Lugo recuerda en cierta manera a la de Heinrich Schliemann y el descubrimiento de Troya. Hijo de un humilde y culto pastor que de niño le leía poemas de Homero y le hablaba de la guerra de Troya, el alemán amasó una fortuna para dedicarse a su gran sueño, la arqueología. Convencido de que la ‘Ilíada’ describía escenario históricos, se alió con el inglés Frank Calvet y a finales del siglo XIX encontraron la mítica ciudad griega.

Lugo no es Troya ni los Garaloces-Gandoy magnates prusianos, pero llevan la arqueología en la sangre y tres décadas invirtiendo parte de su patrimonio en la búsqueda y la recuperación de las termas de Lucus Augusti. Con cada nuevo descubrimiento aumenta el valor del balneario de Lugo, el negocio del que viven, pero también la riqueza de la ciudad. Conocimiento de su historia y revulsivo turístico. 

Las instalaciones albergan tres salas donde se pueden ver diferentes estructuras y restos de las antiguas termas, todos los días —salvo de diciembre a febrero, cuando el balneario está cerrado— y de forma gratuita, y a principios del próximo año sumará una cuarta. 

Es el resultado de la última excavación, realizada a principios de año con motivo de una reforma en parte del edificio. Se encontró la parte trasera de la bóveda del frigidarium —una de las estancias de baño, donde el agua ya era fría— y muros de la casa de baños decimonónica, entre ellos de un horno de pan.

Cualquier intervención en el edificio requiere control arqueológico porque es Bien de Interés Cultural desde 1931, pero, como en otras ocasiones, la propiedad decidió ir más allá y excavar varios metros a ver qué aparecía. «É unha oportunidade, ao balneario interésalle, a pena é que non teña mos ningún tipo de colaboración da administración, como non sexa algunha subvención de carácter turístico de cando en vez á que nos podemos presentar», afirma Antonio Garaloces. Estima que la inversión que el balneario ha hecho en excavaciones arqueológicas y puesta en valor de hallazgos se aproxima a los 150.000 euros. 

La labor comenzó en los ochenta, cuando se dotó de luz a las termas y estas empezaron a enseñarse al público. En los noventa se colocaron pasarelas, para facilitar el acceso. Fue a finales de esa década, con motivo de la ampliación del edificio, cuando se produjeron dos grandes descubrimientos. En la parte delantera se encontró la palestra o gimnasio de las termas romanas y en la trasera, una piscina romana con un vaso de diez metros de largo por ocho de ancho, lo que permite afirmar que las termas de Lugo se encontraban entre las más grandes de Hispania. En dos metros cuadrados se encontraron 14 aras, por lo que la excavación en área promete. Es, de hecho, uno de los próximos retos de los propietarios. «Para nós é unha obra importante, queremos darlle prioridade e avaliar se podería volver a funcionar. Sería algo grandioso», sueña Garaloces. 

Pero para eso hace falta dinero, y no poco, así que hay que ir «pouco a pouco...», la frase más repetida por Garaloces. La obligada reapertura del centro para acoger a los grupos del Imserso impidió acabar la nueva sala de exposición. El trabajo se retomará en diciembre, aunque aún no está decidido si los restos se acondicionarán tal como están o se seguirá profundizando. «Hai técnicos que se inclinan por seguir escavando, para atopar o arranque da bóveda e ver se aparece unha cuarta, pero para iso habería que destruir os restos do século XIX e outros técnicos opinan de conservalos».

En todo caso, se aprovechará para comunicar la sala de las termas con la de las aras, donde ya se abrió una puerta para conectar con la futura sala. La mejora del balneario nunca acaba.